Mostrando entradas con la etiqueta Sony-Zeiss 24-70 mm. f/4. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sony-Zeiss 24-70 mm. f/4. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de agosto de 2026

12 de agosto de 2026, 20:29 horas

Sí ya sé, otra foto más del eclipse… pero, como todas las fotos tienen una historia y ésta además la he vivido en primera persona, os la voy a contar.

En un principio no tenía previsto realizar fotos de este acontecimiento. Ya las hice del ocurrido en marzo de 2.015 y, la verdad, los resultados me dejaron un poco frío… Pero el de este año, después de oír machaconamente día tras día la palabra eclipse, se me fue despertando el gusanillo de volverlo a intentar.

Como no quería repetir la experiencia anterior sacando fotos solo del eclipse, quise situar a un protagonista que acompañara a los astros en la imagen. Como no podía ser de otra forma, desde el primer momento pensé en el castillo de Sádaba. Ahora tocaba buscar una ubicación donde lo pudiera situar debajo de los astros en el momento preciso del eclipse total. Con la ayuda de Photopills busqué un lugar donde pudiera tener en línea el castillo con el eclipse. Lo hallé en el camino que va desde el propio castillo al Canal de las Bardenas; solo quedaba saber si lo podría ver o, por el contrario, quedaría oculto por el propio castillo ya que, al estar situado sobre un montículo rocoso, cabía la posibilidad de que éste lo ocultara.

Planificación con la aplicación para buscar el punto de toma (punto rojo)

El día 10 me acerqué a la posición seleccionada para ver, a través de la realidad aumentada de la que dispone la aplicación, la posición aproximada de los astros en ese momento y la focal que debería de utilizar. El resultado aún me animó todavía más ya que el eclipse quedaba justamente encima del castillo y con una focal que rondara los 50-70 mm. tendría margen de sobra para poder reaccionar en caso de que me fallaran las previsiones.

Desde el punto de toma con focal de 70 mm.

Realidad aumentada: Posición aproximada de los astros

Y llegó el día... Me advirtieron que habían llegado muchos forasteros a la zona del castillo, y ¡oye!, a ver si después de tener todo preparado, algún otro aficionado me había quitado el sitio… Inmediatamente me acerqué a la ubicación, pero todo fue una falsa alarma.

Antes de que empezara la luna a “morder” el sol, nos acercamos a la ubicación. Solo estábamos una buena amiga, mi mujer y yo. Lo iba a disfrutar en la más completa tranquilidad y en buena compañía. ¿Qué más se puede pedir? 

Planté el trípode, monté la cámara y a esperar…

Fuimos observando todas las fases del eclipse. Conforme pasaba el tiempo, la luz iba bajando de intensidad y las sombras, cada vez más, se hacían más borrosas, como si hubiera varias juntas… 

Y llegó el momento: La ocultación total. Me quité las gafas de protección y oprimí el obturador de mi cámara; disponía de 50 segundos para hacer cuantas fotos pudiera. Se abrió la cortinilla y 1, 2… 5 segundos… ¡y ésta que no cerraba…! Me puse tan nervioso que empecé a oprimir continuamente el obturador de mi cámara. ¿Qué pasaba? ¿Se había estropeado…? En ese momento comprendí que la luz había bajado tanto que la exposición se había alargado a 15 segundos que, unido a otros tantos que hace la cámara para la reducción de ruido por exposiciones largas, hacía un total de 30 segundos de obturación. Ese fue el único criterio que había dejado a la elección de la cámara y queda claro que "había metido la pata..." Apenas me quedaba tiempo para un nuevo intento. 

Sony A7 II + Sony-Zeiss 24-70 mm. f/4 - 70mm. - f/10 - 15 seg. - ISO 100

Quería mirar para disfrutar del momento, pero también quería tener la foto. En las más de las ocasiones los nervios siempre suelen jugar una mala pasada y, nuevamente por error, oprimí dos veces el obturador de la cámara con lo que, con total seguridad, habría trepidado el resultado. Aunque sabía que el movimiento había sido ligero, no quise ni comprobarlo a través de la pantalla trasera de mi cámara. Me encontraba frustrado y pensé que ya lo vería más tranquilamente frente al ordenador y comprobaría las posibilidades que tenía esa captura. Bueno, si no tenía la foto, por lo menos habíamos disfrutado de una experiencia única que no se volvería a repetir.

Al día siguiente descargué las fotos y comprobé que la segunda, aunque algo movida, podría recuperarla en los trabajos de edición.

Además, al tener la suerte de haberla tomado cuando ya empezaba a salir nuevamente el sol y al chocar su resplandor con una de las almenas del castillo, se formó un precioso destello en forma de estrella (sunstar), que hace que todavía me impacte más el resultado… ¿Suerte? Bueno, la verdad es que tuve una de cal y otra de arena…

Fotos del castillo tengo muchas, quizás demasiadas, y casi todas mejor compuestas… Pero todas ellas las puedo repetir; esta no…  

Sony A7 II + Sony-Zeiss 24-70 mm. f/4 - 70mm. - f/10 - 10 seg. - ISO 100

jueves, 18 de junio de 2026

Pilar Martínez Muñoz – Concierto de bombardino

Sonido profundo, cálido y aterciopelado; con un timbre a medio camino entre la majestuosidad de un trombón y la dulzura de un violonchelo. Nostalgia hecha música… Así es como definiría a ese instrumento al oírlo tocar por Pilar Martínez Muñoz.

El pasado 6 de junio, esta joven modorrica (así es como nos llaman a los de Sádaba) nos emocionó con un concierto de bombardino en la iglesia de Santa María de Sádaba (Zaragoza).

En su primer recital que ofreció en su pueblo, tocó obras del compositor londinense Philip Sparke, del austriaco Jhosep Horovitz, del estadounidense Vizzutti y del (considerado por algunos como el mejor compositor de la historia) Johann Sebastian Bach.

Pilar se está preparando para conseguir una plaza en el Conservatorio Superior de Música y, tras oírla tocar el bombardino, no me cabe ninguna duda que verá su sueño hecho realidad y, en un futuro no muy lejano, pasará de ser una buena (que lo es) a una excelente música.

Sus padres me pidieron que cubriera el acto para tener un recuerdo de ello y, aunque reviste una cierta responsabilidad al no tener experiencia en este tipo de eventos, no supe decir que no… 

Deseo que disfrutéis con este pequeño reportaje; aunque para ser más honesto, debo añadir que falta lo más importante: el sonido de un bombardino tocado con la maestría de Pilar Martínez.

Datos de las tomas:
Cámara: Sony A7 II
Objetivo: Sony-Zeiss 24-70 mm. f/4 ZA OSS
Otros: Flash Godox TT350 S - Estabilizador de cámara activado

50 mm. - f/4 - 1/15 seg. - ISO 1600 - Flash

31 mm. - f/4 - 1/30 seg. - ISO 1600 - Flash

70 mm. - f/4 - 1/60 seg. - ISO 1600 - Flash

37 mm - f/4 - 1/60 seg. - ISO 1600 - Flash

58 mm. - f/4 - 1/60 seg. - ISO 1600 - Flash

28 mm. - f/4 - 1/50 seg. - ISO 1600 - Flash

64 mm. - f/4 - 1/50 seg. - ISO 1600 - Flash

70 mm. - f/4 - 1/60 seg. - ISO 1600 - Flash

70 mm. - f/4.5 - 1/50 seg. - ISO 1600 - Flash

70 mm. - f/4.5 - 1/40 seg. - ISO 1600 - Flash

27 mm. - f/4.5 - 1/50 seg. - ISO 1600 - Flash

70 mm. - f/22 - 1/2 seg. - ISO 1600 - Apilamiento de 2 tomas

70 mm - f/4.5 - 1/40 seg. - ISO 1600 - Flash

60 mm. - f/4.5 - 1/50 seg. - ISO 1600 - Flash

56 mm. - f/4.5 - 1/50 seg. - ISO 1600 - Flash

33 mm. - f/4.5 - 1/50 seg. - ISO 1600 - Flash

27 mm. - f/4.5 - 1/30 seg. - ISO 1600 - Flash

jueves, 11 de junio de 2026

En globo por Capadocia

Cuando te hablan de unas vacaciones en Turquía, lo primero que puede que te venga a la cabeza son los implantes capilares y los viajes en globo por Capadocia. Yo, aunque ya hace tiempo que en vez de peinarme me saco brillo a la azotea, no fuimos por lo primero; pero sí (y mucho) por lo segundo… No quiero decir que el motivo principal de nuestro viaje fuera subir en globo, pero sí que era una de las actividades que queríamos realizar…

La mañana del vuelo nos levantamos pronto, muy pronto… A las 3:30 de la madrugada sonó el despertador, ya que a las 4:00 nos venían a recoger al hotel. Nos repartieron un zumo y unas galletas para echar un poco de gasolina al cuerpo e iniciamos viaje hacia el punto de despegue. 

Una vez allí, nos dimos cuenta que la magia en Capadocia no comienza cuando sale el sol, sino en la penumbra de la madrugada. El aire frío de la mañana en la región central de Turquía contrasta con el calor abrasador de los quemadores que, poco a poco, van dando vida a cientos de gigantes de colores que se alzan sobre el horizonte. Subirse a la cesta de mimbre y sentir cómo el globo se desprende del suelo es el inicio de una transformación sensorial absoluta.

De repente, el vértigo desaparece, reemplazado por una sensación de ingravidez. El vuelo en globo es un baile silencioso con el viento. A medida que el sol empieza a asomarse, tiñendo el cielo de tonos dorados, rosados y violetas, la perspectiva cambia por completo. Los valles de roca volcánica, conocidos por sus caprichosas formas esculpidas por la erosión, se despliegan bajo nuestros pies como si de un gran mapa se tratara.

Lo que hace que esta experiencia sea verdaderamente inigualable es la estampa que te rodea: cientos de globos pintando el cielo, ascendiendo y descendiendo suavemente entre las famosas "chimeneas de hadas" y los antiguos asentamientos trogloditas. Para un amante a la fotografía como yo, nunca sabes dónde mirar ni qué encuadrar. De izquierda a derecha o de arriba a abajo, todo es foto… 

En ocasiones, los pilotos maniobraban con destreza, acercando la cesta casi a ras de las formaciones rocosas para apreciar cada detalle, para luego elevarse y ofrecer una panorámica de 360 grados que corta el aliento. Durante cerca de una hora, el tiempo parece detenerse. No hay prisas ni ruidos molestos; solo el viento, el calor ocasional del fuego del globo y nuestras propias palabras mostrando admiración.

Nos habían asegurado que el descenso sería tan suave como el vuelo… nada más lejos de la realidad. Después de unos 45 minutos disfrutando del viaje, nos dimos cuenta que los pilotos empezaban a agitarse: maniobras bruscas y, sobre todo por sus rostros, nos pareció presagiar que algo no iba bien… Lo que nos parecía una ligera brisa, subidos en estos colosos, puede acarrear que el aterrizaje sea un tanto complicado. Finalmente, al tocar bruscamente con el suelo, fuimos arrastrados durante varios metros hasta llegar a un pequeño terraplén donde quedamos encallados; y allí, mientras los pilotos mantenían el globo a medio inflar para que no volcara, estuvimos esperando a que nos vinieran a rescatar. 

Aunque ya sea una costumbre (pensé que quizás en esta ocasión fuera para mitigar ese “mal sabor de boca” que teníamos), nos hicieron una pequeña celebración donde brindamos con una copa de zumo (recordar que estamos en Turquía) y nos entregaron un certificado de vuelo. Así terminó una de las aventuras más memorables que hemos podido disfrutar en nuestra vida. 

Es una aventura que recomiendo a todo el mundo pero, si estáis pensando realizarla, hay que tener en cuenta ciertas consideraciones: 

La principal es que está considerada como un deporte de riesgo, y hay que ser muy consciente de ello. Lo normal es que todo vaya bien, y tanto el despegue como el aterrizaje se realice de una forma suave y precisa pero, en más ocasiones de las que se quisiera no sucede así… las condiciones del viento pueden cambiar en cualquier momento y, por ejemplo, en nuestro viaje, tres personas acabaron lesionadas y, una de ellas, tuvo que ser atendida en un centro de salud.

Hay que ir provisto de un buen seguro. Os dirán que, por el mero hecho de contratar el vuelo, tenéis uno que cubre cualquier incidente, pero no siempre es así… Por nuestra experiencia, las personas que sufrieron lesiones fueron atendidas a través del seguro que tenían y no por el de la compañía del vuelo.

Es conveniente estar varios días por la Capadocia si se quiere realizar esta actividad y programar el viaje para el primer día. Hay que tener en cuenta que, con vientos superiores a 25 Km/h., las leyes turcas impiden que se celebren vuelos con lo que, si en tu caso eso sucediera, podrías realizarlo otro día. También hay que tener en cuenta que, tras la suspensión de un vuelo, si no lo tenías contratado previamente, el siguiente se ve incrementado considerablemente su precio…

Con todo ello, si me preguntaran si volvería a vivir esta experiencia, mi respuesta sería clara: Si no puede ser hoy, mañana mismo…

Datos de las tomas:
Cámara: Sony A7 II
Objetivo: Sony-Zeiss 24-27 mm. f/4
EA: Estabilizador de cámara activado

24 mm. – f/8 – 1/40 seg. – ISO 1600

24 mm. – f/8 – 1/60 seg. – ISO 640

24 mm. – f/8 – 1/10 seg. – ISO 1600 – EA

24 mm. – f/4 – 1/8 seg. – ISO 1600 – EA

54 mm. – f/4 – 1/60 seg. – ISO 640

54 mm. – f/4 – 1/13 seg. – ISO 1600 – EA

44 mm. – f/4 – 1/60 seg. – ISO 1250

26 mm. – f/4 – 1/60 seg. – ISO 800

60 mm. – f/4 – 1/60 seg. – ISO 250

24 mm. – f/4 – 1/50 seg. – ISO 1600

24 mm. – f/4 – 1/60 seg. – ISO 500

69 mm. – f/4 – 1/80 seg. – ISO 1000

33 mm. – f/7.1 – 1/60 seg. – ISO 1600

33 mm. – f/7.1 – 1/60 seg. – ISO 1600

30 mm. – f/7.1 – 1/60 seg. – ISO 320

39 mm. – f/7.1 – 1/60 seg. – ISO 320

24 mm. – f/7.1 – 1/60 seg. – ISO 250

24 mm. – f/5.6 – 1/60 seg. – ISO 160

39 mm. – f/5 – 1/200 seg. – ISO 100

41 mm. – f/5 – 1/100 seg. – ISO 100

35 mm. – f/22 – 1/60 seg. – ISO 250

24 mm. – f/22 – 1/10 seg. – ISO 1600 – EA

24 mm. – f/22 – 1/30 seg. – ISO 1600

70 mm. – f/22 – 1/80 seg. – ISO 640

24 mm. – f/22 – 1/60 seg. – ISO 320

32 mm. – f/10 – 1/125 seg. – ISO 100

24 mm. – f/22 – 1/100 seg. – ISO 100

31 mm. – f/22 – 1/60 seg. – ISO 320

34 mm. – f/4 – 1/1000 seg. – ISO 100

50 mm. – f/8 – 1/250 seg. – ISO 100

Vacaciones en Turquía