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lunes, 30 de junio de 2025

Castillo galáctico

Había consultado las mejores fechas para poder fotografiar el arco galáctico en una composición que hacía tiempo que me rondaba por la cabeza y, mira por dónde, esa misma noche era cuando más presencia iba a tener. Como motivo principal había elegido, como no podía ser de otra forma, el Castillo de Sádaba… Como no era festivo, con toda seguridad no encenderían su iluminación y, quien sabe, quizás no habría tanta contaminación lumínica y podría realizar la fotografía que tenía en mente. 

Elegí la focal más angular que tenía, el arco galáctico tendría que caber en mi encuadre y, si los cálculos no me fallaban, estaría posicionado detrás del castillo. En mi mente la fotografía ya la tenía hecha y, os lo puedo asegurar que ¡quedaba genial…!  El problema era que a primera hora de la tarde se había producido una gran tormenta y no lo tenía del todo claro que fuera a despejarse. No obstante, como no quería perder la ocasión y había parado de llover, busqué el mejor encuadre, planté el trípode y empecé a realizar algunas tomas de prueba…


La suerte parece que se había aliado conmigo ya que empezó a deslumbrar un tímido sol y, tras mi motivo principal, empezó a asomar un precioso arco iris.


Poco antes del ocaso, en un precioso atardecer, ya solo quedaban algunas pequeñas nubes que hacían presagiar que la espera había merecido la pena. Por fin, esto parece que promete…


Poco después de las 2 de la madrugada empezó a aparecer la esperada vía láctea. Aunque hacía un poco de fresco, ¡os podéis creer que estaba sudando…! Los nervios se fueron acrecentando tras comprobar la escena que iba apareciendo frente a mí. Solo hice una foto, no pude hacer más... El resto del tiempo lo dediqué simplemente a disfrutar del momento…


Si este texto, al igual que las fotos que os muestro, os ha parecido un tanto extraño, como solía decir Anthony Blake: “No le deis más vueltas… Ha sido todo producto de  ̶(v̶u̶e̶s̶t̶r̶a̶) MI imaginación…”

Datos de la toma:
Cámara: Sony A77
Objetivo: Samyang 8 mm. f/3.5 Fisheye (12 mm. eq. en FF)
Perspectiva corregida en la edición, cielos descargados de Pixabay y ambientación de las escenas creadas en Photoshop, principalmente usando la herramienta de curvas.

Imagen de partida:
f/11 – 1/25 seg. – ISO 400

martes, 2 de noviembre de 2021

Los mundos de Ícaro

Cuenta la mitología griega que hace muchos, muchos años, Dédalo y su hijo Ícaro se encontraban presos en la isla de Creta. A toda costa querían escapar, pero el rey Minos controlaba todas las salidas… todas menos una: el aire. 

Al darse cuenta del hecho, Dédalo, que era un arquitecto y artesano muy hábil, comenzó a trabajar en la forma de volar por encima de las murallas de la prisión y, usando plumas, hilo y cera, construyó unas alas para él y otras para su hijo. Cuando al fin las tuvo hechas, le enseñó a volar. 

El día previsto y antes de alzar el vuelo, le advirtió que no lo hiciera muy alto ya que el calor del sol podría derretir la cera que sustentaban las plumas e irremediablemente caería al vacío. 

Emprendieron el vuelo por encima de las murallas de Creta y comprobaron con gran alegría que eran libres. Tanta fue la emoción que llevó al joven Ícaro a cometer la gran imprudencia de volar demasiado alto. Tanto lo hizo que el sol terminó por fundir la cera haciendo que éstas se fueran desprendiendo poco a poco. Cuando se percató ya era demasiado tarde, cayó al mar y falleció. 

Su padre, más prudente, nunca abandonó la altura segura y, finalmente, llegó a su destino… 

Soñar, soñar mucho y volar, pero ser prudentes con vuestras decisiones… 

Datos de las tomas: 
Cámara: Sony A700 
Objetivo: Sigma 24 mm. f/2.8 macro (36 mm. eq. en FF) 
EA: Estabilizador de cámara activado 
Foto del fondo: f/22 – 1/10 seg. – ISO 400 – EA 
Foto primer plano: f/7.1 – 1/80 seg. – ISO 100 
Sombra de alas dibujadas mediante la herramienta curvas de Photoshop


martes, 22 de junio de 2021

Un día en el castillo de Loarre.

No eran las seis de la mañana de un 23 de abril cuando llegamos a nuestro destino: El castillo de Loarre. Buscamos el mejor encuadre, plantamos el trípode, montamos la cámara sobre él y compusimos la toma. Por delante nos quedaría todo un día de observación en el que íbamos a realizar fotografías a distintas horas del día, pero sin modificar el encuadre elegido.

Poco antes de las siete, con todo ya preparado, se empezó a iluminar el cielo. Fue un momento mágico en el que el sol nos brindó unos colores que, junto con las nubes y las formaciones terrestres, hacían un conjunto único para el deleite de nuestra vista. Rojos, violetas, azules y amarillos moldeaban un conjunto que nos dejó petrificados. Tal fue así, que casi se nos olvida el motivo de nuestra excursión… oprimir el disparador, Click, la primera toma.


Duró poco, la verdad… Rato después, el cielo estaba ya cubierto de nubes dejando paso a lo que nos hacía prever un día soso y aburrido. Click, la segunda fotografía.


Pasadas las doce del mediodía se empezó a oscurecer el cielo. Unas nubes negras, junto con un continuo ruido sordo, hacían presagio de que una gran tormenta se acercaba. En un momento dado, empezaron a verse diversos rayos que nos pusieron en alerta… Si al final, ésta venía hacia nosotros, lamentablemente deberíamos abandonar la sesión. No obstante, click, iba ya la tercera foto.


Afortunadamente pasó de largo y pudimos continuar con la sesión. Las nubes se empezaron a abrir, dejando un precioso paisaje que bien merecía la cuarta instantánea. Click.


Sobre las ocho de la tarde empezó a oscurecer. Previo a lo que denominan "hora azul", nos encontrábamos en la "hora dorada"… En esta ocasión, al igual que por la mañana, los colores cálidos dominaban el paisaje; pero esta vez eran los  amarillos y ocres, junto con los morados intensos de las nubes que todavía quedaban los que, nuevamente, formaban un conjunto de ensueño. Click, y ya iban cinco.


Al final el cielo se despejó dejando paso a una serena noche estrellada. No queríamos abandonar todavía, aunque ya estaba bien entrada la noche. No sé a ciencia cierta si era el deseo de que sucediera algo extraordinario o la certeza de que iba a suceder, el caso es que allí estuvimos esperando… Al final, el esfuerzo mereció la pena, y no, no podíamos creer lo que estábamos viendo: ¡¡Una aurora boreal en la Hoya de Huesca!!. Me temblaba el pulso cuando oprimí el disparador… Click…


RIIING, RIIING, RIIING… Dios mío, ¿qué es ese ruido…? ¡Vaya!, el despertador…

Datos de las tomas:
Cámara: Sony DSLT A77
Objetivo: Sigma 24 mm. f/2.8 Macro (36 mm. eq. en FF)
Datos de exposición: f/10 - 1/40 seg. - ISO 100 - Panorámica de tres tomas con idénticos parámetros
Otros: Fotos de los cielos descargados de Pixabay